martes, 16 de agosto de 2016

LOS HEREDEROS

-Escena única-
(Sótano de una vieja casona, la mansión de la familia Pérez-Garate. Hay pilas de papeles, telas y maderas mojadas. Ernesto y Flavia revisan los restos de diversos objetos que son reliquias de familia)
Ernesto: (recita leyendo un arruinado cuaderno del Siglo XIX)
“Y me llegó el castigo como a los egipcios
Que no pudieron detener a los esclavos
Ni con sogas, ni cadenas ni con clavos
Y pagaron por ellos el final sacrificio”
Flavia: ¿De tío Jorge?
Ernesto. Del tío Jorge. El borrador de su poemario inédito: “versos del éxodo”.
Flavia: ¿Se lee algo más?
Ernesto: casi nada (revisa con cuidado el cuaderno) algo más sobre las plagas, y una rima horrible entre “langostas” y “calles angostas”.
Flavia: Guardalo con las otras pruebas, Ernesto. Es claramente otro signo de la profecía.
Ernesto: (desconfiando) No me parece…
Flavia: Que te parezca. El poema habla de las plagas de Egipto. Una de las siete plagas era la crecida del río Nilo.
Ernesto: Me parece que no, eh… que la crecida era una cosa anual y que a los egipcios les venía bien… Además, ¿las plagas no eran 10, como los mandamientos?
Flavia: No, eran 7, como los pecados capitales. Y si no es la crecida del río, bien puede ser por la lluvia de ranas. Tío Jorge era un poeta, un hombre sensible. Bien podría ser él un Profeta.
Ernesto: Se acabó, Flavia. Esta pila de mugre no nos va a probar nada. Y el tío Jorge murió en el año veinte, no digas que era sensible o lo que sea porque ninguno de los dos lo conoció.
Flavia: (poniéndose un empapado tapado de pieles, casi en trance) Ni falta que hace conocer físicamente a la persona… es familia. Está en la sangre. Y los objetos hablan. Con este tapado de la abuela Amalia, estoy percibiendo el rencor contra su primer novio.
Ernesto: Flavia, no te pongas tan mística. Mirá, yo no creo que haya mucho mensaje acá… si hubo alguna intención de darnos un aviso de la tragedia, los familiares fueron poco claros, o se perdió en el camino.
Flavia: Sos un incrédulo, Ernesto. Peor, un hereje. Cuando cayó el granizo, ¿fue una casualidad haber encontrado el recetario de la prima Beba, detallando su famoso postre granizado?
Ernesto: Puede ser…
Flavia: ¿Cuando el humo negro de las quemas de pastizales, no fue claro el mensaje del tío Raúl?
Ernesto: Su máscara anti gas de la segunda Guerra… que hallazgo.
Flavia: ¿Y cómo hubiéramos estado preparados para los vientos huracanados, sino fuera por el ventilador de mamá y papá que, desafiando el óxido y los años, se mueve cada vez que se levantan esos ventarrones que bajan los árboles? ¿y durante la nevada…?
Ernesto: Flavia, yo no quiero desestimarte la teoría, pero ¿no te parece que el cambio climático ya es bastante buena explicación para tanta desmesura?
Flavia: (poniéndose varios objetos mojados encima, con los ojos cerrados) Los Pérez Garate fuimos de los primeros… vimos crecer esta ciudad desde el día de la primera piedra... desde el asado que le salió amargo a Dardo Rocha. Estuvimos entre los masones que pusieron los monumentos ofendiendo a la Iglesia, y entre los obreros que apilaron los ladrillos de la Catedral. Recorrimos los túneles secretos, vimos poner empedrado sobre la tierra, y cemento sobre el empedrado (comienza a convulsionarse). Le llevamos nuestros niños enfermos a la Ludovica, y nuestros viejos a Favaloro. Escuchamos las campanas de la boda cuando se casó Perón, y vimos los fogonazos de la escopeta de Barreda…
Ernesto: (enrollándola con un tapiz húmedo) pará Flavia, estás patinando de la realidad… (la tranquiliza) t hago un té.
Flavia: (desde dentro del tapiz, con la voz más calmada) De tilo. Té, té de tilo. De tilo el té.
Ernesto: Ya sé. Fanática (sale)
Flavia: (saliendo del rollo del tapiz, se incorpora lentamente prendida de un perchero de pie)  Té de tilo. Yo los sigo escuchando, sangre de mi sangre. ¿Dónde están las claves de los vaticinios? ¿Qué próxima catástrofe se nos viene encima? ¿Cómo evitarla, cómo estar preparados? ¿Cómo?
Ernesto: (Entra abruptamente y arroja un álbum de fotos en medio de la escena. Pausa. Se miran entre ellos y al álbum de fotos alternadamente)
Flavia: (Revisando) El casamiento de tía Coca…
Ernesto: Con el paraguayo. Lo encontré hace dos semanas y no le presté atención
Flavia: (con la vista perdida) “El paragua” le decía Papá…
Ernesto: Perdón… no asocié…
Flavia: (aún con los ojos apuntando a la nada) Sos débil, Ernesto. Tuviste el aviso enfrente y no pudiste verlo…
Ernesto: … perdoname.
Flavia: (poniéndose el tapiz como manto, y usando el perchero como báculo) Pero estamos a tiempo. La próxima tragedia va a ser peor. Sigamos buscando, esta vez la ciudad entera puede desaparecer. Las señales deben estar cerca… sigamos buscando…
Ernesto: Sí, hermanita. Sigamos… (Se inclinan sobre los objetos. Apagón)


FIN

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